Entrevista a Adolfo Jimenez sobre crisis financiera y sistemas de protección social. Revista REI de Seguridad Social, nº 4/2009

Publicado por: Secretaría General OISS
“La situación financiera actual incide en los sistemas de pensiones de capitalización, afectando negativamente a la cuantía de las pensiones que se devenguen en este periodo al haber disminuido el valor de los respectivos fondos de pensiones. Por otra parte, como la crisis financiera ha terminado contaminando a la economía real y, por tanto, se ha reducido el empleo, también se ve perjudicada la estabilidad económica del conjunto de cada sistema de Seguridad Social”.

Crisis financiera y sistemas de protección social

¿Podría Vd., de manera sintética, indicarnos cómo se origina y cuáles son las características de la actual crisis financiera?

Por unas prácticas abusivas en el mercado financiero; por una deficiente e incluso nula función reguladora de este mercado que, a su vez, ha mostrado una gran carencia de transparencia; por una política del riesgo exagerada que ha hecho posible la existencia de los llamados activos tóxicos; por la utilización de unos criterios de valoración de los activos que ha permitido presentar estados financieros poco realistas, con balances que no han reflejado el valor real de las empresas.

La característica es que la economía financiera se ha semejado más a una economía virtual que a la economía real, una economía fuertemente especulativa, con predominio del resultado a corto plazo, donde se ha promovido una tendencia alcista sin límites del mercado bursátil que no tenía un soporte real en la economía productiva y en donde se han utilizado criterios contables poco adecuados propios de lo que ha venido en llamarse contabilidad creativa, lo cual ha contribuido, también, a impulsar la crisis financiera.

Habiéndose trasladado muy rápidamente la crisis financiera al sector real de la economía, ¿podríamos hablar de una crisis global de la economía? ¿Cómo está afectando al empleo?

Sin duda, la situación financiera internacional ha contaminado a la economía real a nivel mundial. La economía financiera es imprescindible para el funcionamiento de los mercados, pero la base del progreso económico y social descansa en el crecimiento de la economía productiva. La economía financiera es como el aceite del motor de un coche, el cual es imprescindible para su funcionamiento; pero un exceso de aquél lo dificulta. Y la situación financiera es una crisis de excesos, en todos los sentidos, que es necesario reajustar.

Lo cierto es que al afectar a la economía real, es decir, a la producción y a las transacciones mercantiles, inevitablemente afecta al empleo, que es una variable en la que se refleja dramáticamente la contracción económica.

¿Cómo afecta esta crisis a los sistemas de Seguridad Social?

Si la crisis perjudica a la economía real y, por tanto, al empleo, necesariamente afecta a los sistemas de Seguridad Social, en su doble vertiente: la función protectora (gastos) y a la capacidad de financiación (recursos).

Conviene analizar separadamente ambos efectos. La acción protectora de los sistemas cumple su función protegiendo a los ciudadanos frente a las contingencias sociales. Y éstas se incrementan en las situaciones de fuerte crisis como la actual. Por lo tanto, la utilidad para los ciudadanos de la Seguridad Social tiene mayor valor en estas situaciones de crisis generalizadas, en las que tiende a incrementarse, lógicamente, los gastos por prestaciones .Y no me refiero solamente a prestaciones económicas, especialmente por desempleo, sino también a la asistencia sanitaria y a los servicios sociales.

La reducción del empleo y la moderación de los salarios tienen su reflejo en la recaudación, que también suele verse perjudicada por las situaciones de las empresas, originando un incremento de la morosidad y de las peticiones de aplazamientos en el pago de las cuotas empresariales.

Hay algo que debe tenerse en cuenta en este escenario: la Seguridad Social, además de la función protectora, juega un importante papel económico, decisivo en los sistemas desarrollados o maduros, pues constituye un estabilizador económico automático que recauda y constituye reservas en los momentos altos del ciclo económico, pudiendo aligerar tensiones inflacionistas; mientras que en los momentos de crisis es un instrumento decisivo para mantener el nivel económico de las familias y, por tanto, contribuye a mantener su capacidad de consumo y la demanda interna. Y no hay que olvidar que la actual crisis económica se está manifestando cada vez más como una crisis de demanda, en donde es necesario mantener e impulsar la capacidad de consumo de los ciudadanos. Y en este sentido, insisto, juega un papel muy decisivo los sistemas de Seguridad Social.

¿Cómo impactará la actual crisis en los sistemas de pensiones? ¿Este impacto será distinto en función del modelo o sistema de pensiones que tenga cada país?

Hay que distinguir los efectos desde la vertiente del ciudadano individual y desde el sistema en su conjunto. Y es diferente el impacto de la crisis, según sea el modelo que tenga cada país.

En un sistema de capitalización individual, los cotizantes que se jubilen en un momento de crisis económica como la actual pueden verse afectados fuertemente en la cuantía de su pensión, pues el valor de lo acumulado en su cuenta individual, que, a su vez está invertido en títulos valores, se verá afectado por la pérdida de valor en el mercado bursátil. Y es una pérdida que al jubilarse ya no recupera y le afecta durante todo el resto de su vida: bien sea en la modalidad de retiro programado, bien en la de renta vitalicia.

En un sistema de prestación definida o de reparto, el cálculo de la pensión se realiza de acuerdo con una fórmula jurídico-económica, definida en la ley, por lo que la cuantía de la pensión es independiente de la situación económica del momento. En este modelo existe más seguridad y estabilidad, a nivel de cada ciudadano, especialmente frente a situaciones de crisis.

Desde una vertiente macroeconómica, ambos modelos se ven afectados: el primero, porque le
perjudica gravemente la situación del mercado de valores y, por tanto, debilita su solvencia para responder de sus obligaciones en el pago de las pensiones.

En el segundo modelo, también se ve perjudicado con la disminución de la población cotizante y, consiguientemente, de los recursos anuales que dan cobertura a los gastos. Si la situación de crisis fuera muy larga en ambos podría dar lugar a ajustes para reequilibrar y garantizar prestaciones.

Lo que no debe olvidarse, en ningún caso, es que sea cual fuere el modelo, la apreciación mayor de los ciudadanos es disponer de un sistema que le ofrezca seguridad ante las situaciones de vejez, invalidez, muerte y sobrevivencia.

Algunos analistas opinan que la actual crisis ha puesto al descubierto la “vulnerabilidad” de los sistemas de capitalización individual. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Anteriormente, comentaba que en los sistemas de capitalización individual, las aportaciones y
acumulaciones que se han realizado durante la vida activa están invertidas en el correspondiente fondo de pensiones; es decir, en títulos valores que se han visto fuertemente alterados en la crisis financiera actual (con pérdidas de valor entre un 30% y un 50%, según mercados). Pues bien, si se le añade que son sistemas con fuertes gastos de gestión, los ciudadanos pueden verse muy perjudicados si se jubilan en la fase de crisis pues recibirán una prestación muy inferior a lo que pensaban, de acuerdo con lo aportado obligatoriamente. No hay que olvidar que los sistemas como el que comentamos tiene un trasfondo fuertemente financiero y la crisis que hoy padecemos tiene esta naturaleza.

¿Cuál ha sido el rendimiento de los fondos de pensiones? ¿Cuánto han perdido las Administradoras de Fondos de Pensiones? ¿Quiénes se verán más afectados, los afiliados o los jubilados? ¿En qué sentido?

En la respuesta anterior señalaba que las bolsas de valores en el espacio iberoamericano, y también a nivel mundial, han tenido fuertes caídas, algunas en torno al 50%. Y estas pérdidas de valor inciden directamente en la cuantía del saldo de las cuentas individuales, situación que es decisiva para los que se jubilen en el periodo que dure la situación de crisis o de salida lenta de la misma. Por lo tanto, los que accedan a la jubilación en estos tiempos van a verse muy afectados en la cuantía de su pensión.

Hay que señalar que para los trabajadores que cumplen la edad de retiro el momento de jubilarse no se elije, sino que viene determinado por el mercado de trabajo que en situación de crisis no es muy favorable. Parte de esta problemática es la que ha determinado la última reforma de pensiones de Argentina, volviendo a un sistema de prestaciones definidas y a la gestión totalmente a través del ANSES, pues las pensiones que se estaban devengando exigían ser complementadas por el Estado para alcanzar una cuantía mínima.

En cuanto a los que accedieron a la jubilación con anterioridad a la crisis, no deben verse afectados en su pensión, especialmente si, en su día, adquirieron una renta vitalicia.

Respecto a los afiliados, hay que distinguir si se tratan de gente joven o ya cercana a la jubilación. Los primeros tendrán oportunidad de esperar a que llegue el momento en que, superada la crisis, vuelva el crecimiento económico y reponga el valor de su cuenta. No así los segundos, quienes se verán más afectados

En los sistemas de capitalización individual, ¿cómo se podría recuperar la credibilidad de dicho sistema? ¿Cómo se recupera la confianza de los afiliados?

En mi opinión, es necesario que se ejerza por el Estado (Superintendencias en Latinoamérica) una fuerte vigilancia y control de los riesgos en las inversiones en que se materialicen los ahorros y los fondos. Estableciendo criterios, por este orden, de seguridad, liquidez y rentabilidad que no han sido seguidos en muchos casos donde la rentabilidad parecía que era la prioritaria. No hay que olvidar que en un sistema obligatorio de pensiones el valor más apreciado es la seguridad de las aportaciones o ahorros a largo plazo.

Sin duda, es conveniente disponer de planes según la edad del contribuyente, cuyo riesgo debe estar en relación inversa a su edad. Pero, en todos los casos, primando el principio de seguridad sobre los demás.

Por otra parte, debe existir la garantía de cuantía mínima garantizada por el Estado, lo cual exige un esfuerzo presupuestario público importante, especialmente en el momento de crisis como el actual.

La credibilidad del sistema también está afectada por los gastos de gestión que debieran reducirse. Son importantes para los contribuyentes y, además, cuando se llega al momento de la jubilación debe comprarse (más gastos que reducen la cuantía de la prestación) una renta vitalicia, o en el caso del retiro programado seguir pagando gastos por la gestión de la pensión.

¿Cuál es su evaluación de las medidas adoptadas por el G-20 para enfrentar y superar la crisis? ¿Las medidas adoptadas, incluyen acciones de protección social?

En el grupo del G- 20 hay que distinguir los que están en la esfera de la UE, que tienen unos sistemas de protección social muy desarrollados y en ningún caso se ha indicado que deberían reducirse; y los EEUU, donde el presupuesto presentado por Obama contiene, además de medidas para sanear la situación financiera y promover la salida de la crisis, programas de mejora de la educación y para lograr una mayor cobertura sanitaria. Recuerda un tanto a las políticas de Roosevelt, durante la Gran Depresión.

En definitiva, son medidas dirigidas a reforzar el sistema económico y de estímulo de la demanda y, en este sentido, los sistemas de protección social cumplen una función económica importante al mantener la capacidad de compra de las familias.

¿Cuáles cree Vd. que son las principales lecciones aprendidas o que aprenderemos en los sistemas de protección social de la actual crisis? ¿Cómo ve Vd. a los sistemas de protección social post crisis?

Espero que se aprenda que la base del bienestar de la población es incentivar y poner el acento en la economía productiva generadora de empleo y en la distribución de la riqueza que garantice el crecimiento y el bienestar social, donde juegan un papel decisivo para mejorar la cohesión social los sistemas de Seguridad Social. Y por otra parte, que se regule y controle las prácticas especulativas de la economía financiera.

Esta crisis ha supuesto el fortalecimiento del papel del Estado, pues está siendo la última garantía, tanto para mantener el orden económico como el social. Y de aquí debiera desprenderse la necesidad de disponer de un Estado eficiente para el desarrollo de la sociedad, sin perjuicio de la importancia de la iniciativa privada y la práctica de la economía de mercado, para el progreso de la sociedad. Lograr una adecuada combinación entre el papel de lo público y privado sería un buen aprendizaje derivado de la crisis actual.

En cuanto a los sistemas de protección social, la historia de las crisis económicas globales, pone de manifiesto que los sistemas de Seguridad Social han salido fortalecidos, por su propia función social y económica. Antecedentes que espero se confirmen en la crisis actual, si bien se deban introducir adecuaciones y cambios en los sistemas.

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